Muchas veces los alimentos sirven de consuelo, de refugio, los utilizamos como un premio o como un castigo. Con la ayuda de la nutricionista Ana Isabel Fernández Escuredo analizamos los riesgos de vincular de forma negativa la alimentación y las emociones y aprendemos unas pautas para gestionarlo mejor y tener una relación más saludable con la comida.

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